Parlabingo

La 36ª reunión del club de oratoria Parlanchines de Madrid tuvo lugar como es habitual el pasado miércoles en la taberna Alabanda. Si bien esta no fue una reunión como las demás. Después de haber disfrutado de Parlanchines Halloween hace unas semanas, un grupo de socios confabularon en organizar una pequeña “bacanal” (que alguien se apunte el restarme una muletilla, por favor) para esta última edición.

Todo parecía normal mientras se presentaba la sesión. Se introdujeron los roles, se indicó que habría dos discursos preparados… y entonces nos dicen que debido a la necesidad de hidratación de un gran número de socios se les había ocurrido pedir unas bebidas para antes de la sesión. Así que nos tomamos unos minutos mientras en nuestras mesas aparecía alguna que otra botella de vino y jarras de cerveza. Mientras se gestionaban las bebidas nos dijeron que en esta sesión se habían sustituido los discursos preparados por un mayor número de discursos improvisados y que la mejor manera para elegir a los “voluntarios” para los discursos podría ser una partida de bingo. Unos minutos después estábamos todos no se si ilusionados o preocupados por esta idea pero la realidad es que, quien mas y quien menos, todos teníamos algún cartón de bingo delante, a la vez que una bebida para evitar la deshidratación.

¡Comienza pues la función, digo el bingo! El 8, el 75, el 15… ¡LINEA! Canta alguien. ¡Han cantado línea! Presto se acerca el alguacil a verificar que la línea es correcta. El “afortunado” ganador de la línea, de momento, recibe un regalo de un chupito de dudosa procedencia para, supongo, seguir hidratándose. Seguimos con el bingo y poco a poco cantamos más líneas… ¡¡¡qué emoción, el bingo está al caer!!! De repente, ¡BINGO!, ¡han cantado bingo! No se que narices se cruzó en mi camino este miércoles, el caso es que el bingo lo canté yo… lo que me iba a esperar después de esto (además del consabido chupito) era inesperable…

La organización se reúne, al parecer había algo más que tramar. De repente anuncian que los agraciados con línea, cada uno, serían “invitados” a dar un discurso improvisado. Para aquellos socios que no habían cantado líneas también había regalos… se repartieron al azar los roles de contador de muletillas, cronometrador, evaluador de escucha…. Vamos que estaba ya claro que este día nadie iba a hacer aquello que había preparado. Al “afortunado” que cantó bingo le tocó, además del consabido chupito y discurso improvisado realizar la evaluación general! Así, en frío… ¡¡¡REGALAZO…!!!, pensé yo… ¡ejem!

Para estas alturas yo creo que alguien ya tenía el teléfono de la Cruz Roja a mano por si hubiera algún infarto por parte del fundador del club, que veía cómo unos rebeldes habían tomado la sesión. Pero todo parecía indicar que no había infarto y Santi estaba todo emocionado porque sólamente le había faltado un número para cantar bingo y ya en su cabeza estaba planificando el siguiente parlanbingo.

Así que comienzan las improvisadas. La palabra del día, como no podía ser de otra manera, fue “bacanal”. Y allí comenzó una bacanal de discursos improvisados con temas picantones que junto con la hidratación de los asistentes aseguró las risas casi continuas de un público totalmente entregado a los improvisadores. Y al vino. Y a las cervezas. Y a los chupitos que habían sobrado. No es necesario decir que si los discursos improvisados ya son de por si muy divertidos en esta ocasión fueron sublimes.

Después de los discursos improvisados, los agraciados con los roles nos deleitaron con sus evaluaciones de tiempo, muletillas, escucha, ¡e incluso hubo una evaluación general con brindis!

Pero ahí no acababa todo. No puede haber bingo sin tómbola así que todavía quedaba en nuestro poder una papeleta para participar en el sorteo de varios regalos. En este caso no era libros griegos ni romanos sino de oratoria, club de la comedia, y temas relacionados. ¿Se estaba reconduciendo la sesión a un final “normal”?

El caso es que esta sesión fue como ninguna otra. Todos los presentes demostraron una capacidad increíble de adaptación, de sentido del humor, de buen hacer y colaboración. Los organizadores, o quizás en este caso, desorganizadores, hicieron un trabajo excepcional conduciendo una sesión diferente, con un gran sentido del humor y profesionalidad (esto siempre en Parlanchines) y adaptándose a los imprevistos. Al final todos nos reímos como nunca mientras seguimos aprendiendo sobre oratoria, presencia en un escenario y a improvisar de una manera diferente.

Muchas gracias a todos los asistentes el pasado miércoles, socios, invitados, organizadores y confabuladores por haberme hecho reir tanto mientras aprendía.

¡¡¡Un brindis por los Parlanchines!!!

Pablo “2”

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